El general Unicornio hacía gala de una larga melena naranja y un enorme bigote a juego. Cuando hablaba su voz era más un estallido de sonido, inclemente con los oídos de los que le prestaban atención. Katsurou hacía esfuerzos para no cambiar la expresión de su rostro al escucharle. Cuando se acercó a él, pensó que empezaría a sangrar por las orejas. Por fortuna, no fue así.
- Así que este es el niño Takashi del que tanto me han hablado en los últimos meses- siseó VanMeer mirando al joven de arriba abajo-. Espero que des un buen espectáculo. Tenemos un enviado de los Otomo entre el público.
Era en verdad alto, el Moto. Y corpulento. Desde luego su hijo tenía a quién parecerse, a pesar de los ojos rasgados y su tez cetrina, rasgos más propios de su madre. Sin embargo, y aunque al samurai no parecía importarle, pertenecía a la familia perdida de su clan, algo que sembraba la desconfianza de los reunidos en el patio de armas del pequeño castillo. Y eso era algo que quedaba patente en las expresiones de la gente.
Con toscas palabras declaró inaugurado el torneo, una vez hubo explicado en qué consistirían las pruebas del evento. No era nada muy original, pero sin embargo sí parecía hecho a propósito para que su hijo se convirtiera en campeón de algo, cosa que no parecía probable en otras ciudades del Imperio sin una pequeña… ayuda extra.
Las dos primeras pruebas, ambas a caballo, sin duda alguna, cayeron del lado de Yeung, quien a pesar de su torpeza, hacía gala de su exquisita preparación equina. El tiro con arco sobre montura y la prueba de velocidad, dejaron constancia de que, tras el Unicornio destacado, el candidato Bayushi provenía de fuera de la capital. Con probabilidad sería descendiente de uno de los que decidieron salir del Imperio para hacer su vida en las Arenas Ardientes.
Al finalizar la segunda prueba montada, Yeung sin embargo parecía nervioso. El combate cuerpo a cuerpo que continuaba parecía terreno de Katsurou. Todo torneo Imperial que se precie, máxime cuando tiene un testigo de la línea de Hantei, ha de ofrecer un buen duelo de iaijutsu. Y el de VanMeer no iba a ser menos. Aunque no fuera el fuerte de su hijo, seguro que de algún modo se podría hacer que el chaval se saliera con la suya.
El participante Escorpión, apresurándose desde un lateral del shiai-jo donde se celebraría la prueba, se acercó a Katsurou con gesto preocupado.
- Katsurou- dijo sin mirarle directamente a los ojos-, quizá esto te parezca extraño viniendo de un Escorpión, pero ándate con ojo. La dama Shosuro que me acompaña me ha confiado un secreto.
- No sé si prestarte oídos o manos, Shikamoto.
- El Otomo anda detrás de un acuerdo comercial con VanMeer y creo que uno de los shugenja Ide que rondan por aquí conoce el ritual del Mal Karma. Ahora, préstate las manos a ti mismo. Yo he hecho lo que debía.
Katsurou se ajustó el tare sin siquiera mirar al Bayushi a la cara.
- Y, ¿por qué lo haces, Bayushi?
- Mira, si hay algo que me cae peor que un Grulla engreído es un León. Un León cualquiera. Y peor si el que me gana es un Unicornio paleto. Y sé que al León y a cualquiera de nosotros tu nos puedes comer con arroz en esta prueba- le guiñó un ojo-. Shosuro sama te conoce bien, no me preguntes por qué, y parece que le has caído en gracia. Si pierdo contigo no hay problema, al fin y al cabo eres bueno en lo que haces y se te supone vencedor. Pero con un campesino extranjero… ni hablar. Eso no lo quiero ni en pintura. Y para eso necesito que ganes a Yeung a pesar del hechizo.
Katsurou enarcó una ceja
- Y ¿por qué no denuncias el caso?
- ¡Ja!- rió Shikamoto- ¿Un Bayushi denunciando una ilegalidad en un torneo? Y además implicando a un miembro de los Otomo. O eres tonto o no tienes sentido alguno en la cabeza.
- El Mirumoto es un buen duelista- contestó Katsurou-. Me enfrenté con él cuando estudiaba en la escuela Dragón y…
Shikamoto abrió mucho los ojos.
- ¿Cómo?
- Erm, sí. Fui de intercambio bajo la tutela de Togashi Seisetsu Mirumoto no Yoda.
Si cabía, el Bayushi se asombró más aún.
- ¿Togashi Yoda?- preguntó casi en voz alta- Pero, ¿tu sabes quién te ha estado entrenando, cabeza loca?
- Perfectamente. ¿Por?
- No, por nada… allá tu y tu familia de… locos- concluyó el Escorpión-. A lo que iba, que tengas los ojos abiertos y no me des muy fuerte cuando nos toque juntos.
Palmeó uno de los hombros de Katsurou y se alejó con media sonrisa, hacia el lugar donde la dama Shosuro descansaba, bajo un parasol y tras su máscara de negro encaje. Cruzaron dos frases y ella miró con interés al joven Grulla. Sonrió ligeramente y Katsurou sintió que la sangre se le agolpaba en las sienes. Sería perversa, pero de belleza y cierto morboso encanto estaba sobrada. Ella asintió con levedad en dirección al muchacho y él trató de responder, consiguiendo tan solo trastabillar mientras se levantaba del seiza.
El torneo de Iaijutsu dio comienzo. El primer combate fue extrañamente rápido. Yeung derrotó con facilidad a Akodo Daigoku, un León delgado pero de brazos fuertes y movimientos ágiles. Y aún así, frente al aparentemente torpe Unicornio, un pequeño resbalón hizo que el bokken de Yeung llegara a la cabeza del Akodo con claridad meridiana. El público aplaudió la maniobra del chico y el padre, orgulloso desde la zona de huéspedes del pabellón se limitó a gruñir bajo el poblado bigote naranja.
A Katsurou le tocó combatir con Mirumoto no Fujiitakano Shiikake. Entre ellos había cordialidad. Fujiitakano y él habían sido amigos durante sus estudios en la escuela de Yoda y se saludaron con sinceras sonrisas en los rostros, gesto que el público agradeció con un elegante aplauso de ánimo. Sin embargo, en el momento del duelo, cuando ambos contendientes habían desenfundado sus espadas, las amistades desaparecieron del shiai-jo y se convirtieron en dos luchadores de talla casi irrepetible. El duelo fue vistoso a ojos de los expertos y muy difícil de arbitrar. Tan solo hubo dos movimientos y casi todo el combate fue interior a ambos espadachines. Al final, cuando la tensión entre ambos hacía rechinar los dientes entre los espectadores, ambos se movieron como el rayo. Sus bokken apenas rozaban el cuerpo del oponente en unas posiciones casi perfectas.
Antes de que ningún juez pudiera dictaminar sentencia, ambos volvieron a sus puestos y se saludaron con una corrección envidiable. El público estaba ansioso por conocer el resultado. Fuera del terreno, mientras desde seiza se despojaban de las protecciones para las piernas, cruzaron palabra al fin:
- ¡Takashi sama, seguís siendo veloz como un rayo caído del mismísimo Tengoku!- reconoció Fujiitakano.
- He vuelto a tener suerte, Fujiitakano sama. Seguiremos empatados a victorias en nuestra cuenta particular.
Sin dejar el seiza, se volvieron a saludar y de inmediato se levantaron para poder presenciar las siguientes eliminatorias, en un ambiente distendido, como si no hubiera pasado nada de relevancia. El público estalló en una ovación increíble. Incluso el Otomo se había levantado del asiento de preferencia y aplaudía con solemnidad.
En la siguiente eliminatoria, Hida Ken se enfrentaría a Bayushi Shikamoto. El grandullón Hida fue tocado dos veces por el veloz Bayushi antes de que pudiera apenas darse cuenta de qué había sentido en ambos hombros. Con una fuerte risotada, apretó al Bayushi en un abrazo brutal que dejó a Shikamoto casi sin aire.
- ¡Menudo bicho estás hecho, Shikamoto!- bramó el jovial Cangrejo- ¡La próxima vez no tendrás tanta suerte!
La siguiente eliminatoria enfrentaría a Yeung con Katsurou. Al joven Takashi le rondaba la cabeza el aviso de Shikamoto, pero intentaba alejarlo de sí mismo concentrándose en su tarea. Mientras se preparaba para la pelea, la dama Shosuro se le acercó desde la parte exterior del recinto:
- Takashi san, no descuidéis vuestra guardia- pudo oír. La voz era como el dulce sonido de un reguero de agua cristalina que discurre entre dos montañas, empero, había algo venenoso en ella-. No dejéis que nuestro aviso caiga en saco roto. Espero que podamos disfrutar de una buena victoria para vuestra reputación esta velada.
- Gracias, Shosuro san- replicó con torpeza-. Siempre intento dar el máximo de mi.
- Bien, ansío poder verlo y que sea digno de ser contado. Mis mejores deseos están con vos.
Katsurou volvió a sentir que algo palpitaba en su cabeza y tuvo que reiniciar su concentración. Al poco, volvía a estar centrado en el combate. Visualizaba el resultado del duelo y no entendía por qué pensaban que podía perder un duelo con Yeung. El resultado estaba más que claro.
No se esperaba Yeung que Katsurou fuera tan certero y rápido. A pesar de pisarse la hakama en el acercamiento, el Takashi se repuso y consiguió poner el bokken en el pecho del Unicornio justo antes de que este le tocara en el brazo izquierdo, donde quedaría una bonita moradura que dolería un par de días.
- ¡Buf!- resopló VanMeer desde el estrado- Si no hubiera sido por el resbalón, casi aseguraría que el Grulla habría sido capaz de empatar a mi hijo.
Los árbitros sin embargo opinaron de otro modo.
- ¡Hikiwake!- “empatados”, resolvieron- ¡Habrá un combate de desempate!
- ¡¿CÓMO?!- gritó Yeung- ¡He ganado claramente! ¡Este débil samurai no sería capaz de ganarme ni en un año!
Entre los espectadores, Fujiitakano se llevaba una mano a la cara.
- ¿Qué pasa, Takano?- preguntó Ken, el Hida.
- Está claro que Yeung no tiene posibilidad alguna contra él- respondió Shikamoto.
- ¿De veras?- preguntó Shiba Kaiko, la joven shugenja Fénix, que no participaba hasta la segunda ronda.
- Claro como el vidrio limpio- sentenció el Dragón.
Pero Yeung no opinaba igual. Rojo de ira, lanzó el bokken a una esquina con un estruendo horrible, mientras su padre se levantaba tratando de controlar su reacción. Yeung desenfundó su sable. Un no-dachi propio de su tamaño. Su padre extendió en vano su brazo derecho para detener a su hijo.
- ¡Pues si hay desempate será con filo real!- gritó
El público espetó un grito de asombro.
- Me niego- contestó Katsurou-. Es inútil y un riesgo innecesario. No he venido aquí a ofender a vuestro padre o a vuestra familia derramando sangre. Sea mía o no.
- ¡Cobarde!- insultó el Moto- ¡Eres un débil cobarde! ¡Desenfunda tu katana!
Katsurou miró a la grada. Allí, VanMeer, brazos en jarras y en pie, se sentaba lentamente mientras la mano del Otomo tiraba de él hacia el asiento. Ambas personalidades consentían el duelo a espada y a él no le quedaría más remedio que llevarlo a cabo. Hundiendo su cabeza entre los hombros, Katsurou se volvió hacia su equipo, dejó el bokken en su funda y sacó la bella hoja Takashi de su funda.
Sasatome, el Unicornio que le había acompañado en su viaje se acercó a él:
- Katsu, estás en un lío. Pero no se lo tengas en cuenta…
- Tranquilo Sasatome. Lo único que me preocupa es todo este sufrimiento inútil.
El Unicornio asintió con comprensión y ayudó al joven a guardar su equipo. En la cabeza de Katsurou sólo había una palabra: Kôri (hielo), el nombre de su espada, herencia de su abuelo, ahora que su padre había legado sus poderes en el muchacho. ¿Probaría Kôri la sangre antes de tiempo?
La fuerza con la que Yeung se arrojó sobre Katsurou hizo imposible que el joven Takashi evitara la herida. Y, por supuesto, no se iba a dejar matar. Kôri cortó al Moto de parte a parte, desde la axila derecha hasta la cadera izquierda. Yeung cayó al suelo sin derramar una sola gota de sangre hasta que estuvo bien quieto en el pavimento.
Los ojos de los espectadores se estremecieron, transidos de dolor. Un joven muerto a esa edad no era un buen augurio para ninguno de los presentes.
VanMeer, atónito y boquiabierto se levantó poco a poco mientras los heimin se acercaban al cuerpo inerte de su hijo.
Katsurou limpió su apenas manchada espada con un chiburi perfecto y enfundó la hoja sin hacer ningún tipo de sonido audible. De inemdiato, se agachó junto a Yeung y comprobó que el muchacho ya no respiraba. Se tapó la cara con una mano y cerró los ojos del malogrado Moto.
Cuando se alejaba cabizbajo hacia la banda donde reposaba su equipo pudo ver los rostros de sus compañeros de torneo. La shugenja Shiba no podía mirar y parecía sollozar, su rostro oculto entre sus manos. Fujiitakano y Daigoku contemplaban con cierto orgullo al joven duelista, seguros de que había hecho lo que debía. Ken y Shikamoto parecían ajenos a la escena…
Mientras tanto, en el tokonoma, la furia se hacía presente por momentos.
Katsurou recogió su equipo y se encaminó hacia el lugar de respeto del pabellón, donde, arrodillado en seiza, se inclinó hasta tocar el suelo con la frente, viendo la ligera sonrisa del Otomo, sentado tras el pelirrojo samurai.
- Moto tono- comenzó a hablar el Takashi-, siento que en el devenir de este desafortunado incidente haya sido su hijo el que haya caído en mi lugar. Aceptad mis disculpas.
VanMeer, orgullo tocado e hijo muerto, sintió que una oleada de fuego abrasaba su garganta.
- La voz de los Moto suele traer malos augurios, Takashi sama- hablaba el general-, pero en esta ocasión no será así. La desgracia ha tocado al fin a mi hijo y asumo que no es culpa tuya. Sin embargo, el corazón atiende a razones que el espíritu no comprende. Aquí no hallarás amigos y hoy marcharás en paz. Mas, ¡ay de ti si volvemos a cruzarnos, pues no quedará mi mano quieta en la tsuka de mi espada! Tu y tu familia sois declarados hoy enemigos de esta guarnición, mi familia y mis hombres. ¡Cuidáos de nosotros!
Otomo Kurikai se levantó tras él y con la voz del cuervo, levantando un escuálido dedo, habló:
- Katsurou, hijo- su voz heló la sangre del chico-, tu manejo de la espada ha sido tan espléndido como la hoja que usas. Tu abuelo estaría orgulloso de ello.
Cuando parecía que no diría más y que su presencia pasaría por alto, Kurikai carraspeó una vez más:
- …Sin embargo habrás de aprender a guardarla y sujetarla de forma más vehemente. Y me aseguraré de ello en persona.
- Mi honor y mi deber están unidos a los deseos de la línea de Hantei, así como a las de sus delegados Imperiales.
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